La Coya dentro del sistema real Inca

Guerra, Luis A.

Guerra, Luis A.

Magíster en Antropología - Redactor

El imaginario popular ha situado al Inca como la figura principal del Tahuantinsuyo, en muchos casos ha sido personificado como el gobernante absoluto del Imperio. Esta imagen se ve alimentada por la representación de los emperadores romanos y europeos feudales en donde la figura del varón era predominante en la jefatura del gobierno. No obstante, el sistema dinástico y de poder del Incario, tenía varias peculiaridades que la hacía distinta a los sistemas occidentales. Una de las características más resaltantes era la figura y rol de la Coya o emperatriz. En este breve escrito, señalaremos esas particularidades del sistema Incaico con la finalidad de dar a conocer como era el sistema dinástico del imperio, y que papel ocupaba la Coya dentro del mismo.

1.Sistema dinástico y de parentesco

La Coya o también denominada en las crónicas como pivihuarmi fue un rango dentro de la elite Inca, que correspondería a la gobernante consorte del Emperador. Esta posición era formalizada mediante una ceremonia especial.  Sin embargo, existe un debate de cuando asumía el cargo esta figura. En ese sentido, las dos propuestas son, o bien que, el poder se tomaba a la par con el Inca, es decir, en plena ceremonia de toma de mando (cuando recibía la borla o mascaypacha) contraería, también nupcias con la Coya; mientras que, otros autores proponen lo contrario que la alianza matrimonial se producía un tiempo antes de la ascensión real y que sólo era formalizada en el acto de asunción al poder. En ese aspecto, el consenso de los especialistas a derivado a aceptar esta última alternativa como la más acertada. (Hernández Astete F. , 2012).

Una vez, explorado este aspecto, queda por ver como se escogía a la Coya y de que clan o grupo doméstico pertenecía. En ese aspecto hay que considerar, de manera previa que, existen diversos sistemas de parentesco. En ese sentido, nuestro sistema occidental se clasifica en la nomenclatura de sistema de parentesco esquimal [1]. Para el caso de las panacas, que serían las familias cortesanas de donde sale la Coya, existe una polémica sobre cuál sería su sistema de parentesco, evidentemente, no es el nuestro, pero, nos faltan datos etnohistóricos para determinar cómo estaba constituida o donde incluirla dentro de los siete tipos de parentesco, y como estaban repartidos los derechos de sucesión que derivan de la filiación. Según la información proporcionada por los cronistas una panaca era conformada por los descendientes de ambos sexos de un Inca reinante, y excluía al que asumía el poder [2]. La mayoría de investigadores reconocen como oficial la siguiente relación de panacas, integrada, como se ha mencionado, por todos los descendientes de cada Inca reinante. Las cinco primeras identificadas con Rurin Cuzco y las siguientes con la parcialidad de Hanan Cuzco [3] (Hernández Astete, 2021).

Tabla 1: Panacas según Inca fundador

Fundador

Panaca

Fundador

Panaca

Manco Cápac

Chima Panaca Aillu

Huiracocha

Socso Panaca Aillu

Sinchi Roca

Raura Panaca Aillu

Pachacútec

Hatun Aillu / Iñaca Panaca Aillu

Lloque Yupanqui

Avayni Panaca Aillu

Túpac Yupanqui

Cápac Aillu

Maita Cápac

Usca Maita Panaca Aillu

Huaina Cápac

Tumipampa Aillu

Cápac Yupanqui

Apu Maita Panaca Aillu

Inca Roca

Vicaquirau Panaca Aillu

Yahuar Huaca

Aucaylli Panaca

 

 

Nota: Adaptado de Hernández Astete, 2021.

María Rostworowski, sostenía que la panaca a diferencia del Ayllu (forma de familia prehispánica generalizada en los andes) era un sistema matrilineal, si ello es correcto, cada Inca nacía en una panaca y pasaba a otra cuando recibía la mascapaycha. Mudarse de linaje no significaba la creación de un nuevo grupo, sino el paso de un grupo a otro. Este hecho, además de ser una práctica particular de los linajes Incas, daría una enorme importancia al ayllu panaca de la madre de un soberano. Para aseverar esto se reafirma en los comentarios de los cronistas Betanzos, Santillán, Guamán Poma y Murua, los cuales señalaban que el elegido tenía que ser hijo de la Coya [4].

De cualquier manera, se cree que la Coya seguiría un esquema similar de elección (Silverblatt, 1990, 43).  Ello explicaría él porque es importante la elección de la Coya en virtud de sus lazos consanguíneos y espirituales que podía conseguir a favor de la nueva unión. La Coya involucraba necesariamente una reestructuración de la elite, al encontrarse los parientes de la misma, luego del matrimonio, probablemente en una situación de mayor privilegio al interior de la elite cuzqueña. No debemos perder de vista que definitivamente la alianza con los parientes de la Coya era algo que el Inca tenía en cuenta a la hora de aceptar la propuesta de casamiento. (Hernández Astete F. , 2013, pág. 26)

2. El significado de la Coya y su rol

Como es reconocido por los hallazgos arqueológicos prehispánicos el poder no era un privilegio del varón en el mundo andino, “en numerosas regiones existían señoríos gobernados por mujeres curacas. La costumbre se mantuvo hasta el inicio de la República, con la diferencia que durante el virreinato el mando efectivo lo ejercía el marido”. (Rostworowski, 1988, pág. 12). Esto no es extraño, considerando la dualidad del mundo andino. Tal como se conoce, la cosmovisión era dualista, en ese sentido, tanto el hombre y la mujer como representantes de ese orden universal son complementarios y tienen funciones distintas según la división sexual de los roles. Sin embargo, no es menos cierto que en el Incanato “la situación de la mujer variaba según el nivel social al cual pertenecía. Las mujeres de las clases dirigentes gozaban de privilegios que las diferenciaban de las mujeres de los hatunruna u hombres del común”. (Rostworowski, 1988, pág. 9).

En el caso de la elite real, la jerarquía entre el Inca y la Coya era equivalentes, lo cual puede atestiguarse con la celebración  de las fiestas del Sol y la Luna (Inti Raymi y Coya Raymi [5]).  De hecho, sabemos que el ser la “mujer principal” del Inca otorgó a la Coya gran prestigio entre las mujeres de la elite cuzqueña, sin embargo, el poder que ejercía, en tanto se encontraba en una posición similar a la del Inca, iba más allá del grupo femenino. Sobre este punto, existen innumerables fuentes que indican la importancia de la Coya dentro de la organización del Tahuantinsuyu. El cronista Cieza, incluso, presenta el caso en donde la influencia de la Coya llevo a un “cambio de Inca” por parte de la Coya, esto paso en el caso del Inca Urco el cual perdió posibilidades de convertirse en Inca a propósito de la derrota de los Chanca y del ascenso de Inca Yupanqui (Pachacuti) al poder. (Hernández Astete F., 2013)

La influencia política de la mujer en el poder no era desconocida para la cosmovisión inca, considerando que en la mitología del origen del imperio y la conquista del territorio del Cuzco existe la figura de Mama Huaco, el cual según los relatos era mujer aguerrida [6] que lideró su propio ejército, y que figuraba como parte de los cuatro jefes del grupo que conquistaron el territorio cuzqueño. (Rostworowski, 2013, pág. 41)

Otro caso similar, lo señala Baulenas con el caso de Mama Ocllo esposa de Pachacuti.

La cual era una mujer respetaba por todo el imperio, y que estaba al tanto de las acciones del Sapa Inca, acompañaba al Inca durante las campañas bélicas e inclusive, según las crónicas asesoraba en estrategia al Inca y a su propio hijo. Esta injerencia política lo podemos ver más claro en dos de sus acciones narradas por los cronistas la primera mostrando clemencia, perdonando a los enemigos. En otra ocasión, según la versión del crónista Cobo, ganando por medio de una estratagema un curacazgo, relato que citaremos en extenso a continuación.

Durante la subyugación de la curaca de Guarco, según el relato de Cobo (1653), Tupac Yupanqui salió junto a la Coya a hacer la visita general por el reino, pero nombró a su hermano Apu Achache visitador de las provincias costeras, con lo cual este debía empadronar a todos sus habitantes. Con este fin, el hermano precedió a la pareja por el valle de Jauja hasta llegar a Guarco, donde la curaca, que era viuda, se negó a reconocer el señorío del Inca. Cuando Tupac Yupanqui y Mama Ocllo fueron informados de este desacato, la Coya pidió al Inca resolver el problema comprometiéndose a sujetar este curacazgo sin necesidad de armas. El Inca accedió a tal demanda y la Coya mandó al visitador a informar a la viuda que los Incas respetarían su dominio sobre el territorio, pero a cambio le pedía que celebrara una fiesta solemne en el mar. Cuando toda la población se encontraba montada en sus barcas en medio del mar, los Incas tomaron el sitio y la curaca, con toda su gente en la mar, debió rendirse. Los capitanes prendieron entonces a la curaca y la condujeron en presencia de la Coya, donde supuestamente le mostró su acatamiento. (Baulenas, 2015, pág. 232)

Con todo lo dicho hasta ahora, hemos visto con claridad la existencia de referencias que nos llevan a pensar que la Coya ejercía cierto poder político en la sociedad Incaica. En consecuencia, dadas las características del poder andino, debía tener también injerencia en la redistribución. (Hernández Astete F. , 2013, pág. 29) Esto es así en cuanto, , responsable del sistema de distribución del imperio. Inclusive la inobservancia de sus funciones, el descuido de las alianzas establecidas, y de los rituales, podía llevar a que sea removida del cargo. Otra forma de control económico y político de la Coya, era dentro de su panaca, en donde tenía voz de mando sobre su linaje y sus vasallos, así como tierras propias que hacía trabajar.

3. Conclusión

Tal como reseñamos los estudios de los especialistas en la materia aportan evidencias de la influencia de la Coya en la conformación y sucesión del Inca. Asimismo, como tenía posesiones, cargos y funciones dentro del Imperio (económicas, políticas y culturales). De la misma manera, como podía ser figura de asesoría y estrategia inclusive en situaciones bélicas o de crisis política.  

[1] En este sistema se prepondera a la familia nuclear, suele ser exógamo y es de tipo bilineal. Es decir, mezcla las líneas colaterales con la línea nuclear (Aranzadi Martínez, 2008).

[2] El cronista Cobo lo señala de manera puntual al decir, que era costumbre entre todos estos reyes que cada uno fundara su propio linaje y familia de la siguiente manera: Sin contar al príncipe que sucedía a su padre como gobernante, se consideraba que sus [hermanos] pertenecían a un solo linaje originado por su padre el rey; el príncipe de la corona no pertenecía a este grupo familiar porque, como futuro rey, iba a ser la cabeza y el iniciador de otra nueva familia, y cada linaje de éstos tenía su propio nombre. Además, a la muerte del rey, el príncipe no heredaba su casa y sus tesoros, sino que los entregaba, junto con el cuerpo del difunto, a la familia que había fundado.

[3] Las parcialidades son mitades complementarias en que se divide una conformación social como el ayllu (o familia andina), el sistema y cosmovisión Inca se suele catalogar como de tipo dualista, en ese sentido, preponderan los pares opuestos como el sol y la luna, los femenino y lo masculino, arriba, abajo, etc.

[4] En cambio, para Zuidema, la sucesión era realizada a través de un sistema de mitades que se materializan en una diarquía asimétrica implícita, cuyas divisiones integraban clases de matrimonio, ello implicaría que la sucesión sería de forma colateral.  Otros en cambio como Hurtado Regalado proponen, ante tal discrepancia una sucesión flexible en donde, la habilidad del mando, los buenos augurios, entre otros factores designarían al Inca (Regalado de Hurtado, 1993). Por último, David Jenkins propuso que la panaca funcionaba como un clan cónico con lo que su sistema de sucesión seguiría un esquema de cercanía a las figuras de autoridad de la panaca, siendo uno más noble o menos noble según los ascendientes, a partir de la contabilidad del linaje de sangre se podría seleccionar un grupo de posibles sucesores al gobierno. (Jenkins, 2001).

[5] Por lo general, los ritos y ceremonias en honor de la luna y de la tierra estaban en manos de la Coya a reina y de las mujeres de la elite cuzqueña. Una de las mayo- res fiestas en e1 Cusco era el Coyaraimi, tenía lugar durante el equinoccio de septiembre y coincidía con la llegada de las primeras lluvias. Durante 8 días celebraban la fiesta de 1a quilla que consistía en actos purificatorios para alejar de la ciudad a todos los males. Las celebraciones duraban varios días y e1 cuarto era dedicado a la luna y a la tierra. (Rostworowski, 2013, pág. 230).

[6] Con las gentes que siguieron a Manco Capac y Mama Ocllo, venía una mujer aguerrida que se convirtió en caudillo de los Incas. Ella fue Mama Huaco, que luchó junto a los varones y comandó una cuarta parte del ejército. Tomó parte activa en la conquista de las tierras y los pueblos cercanos, para la fundación de Cuzco. Mama Huaco cogió un haybito (boleadora) y haciéndolo girar en el aire, hirió a uno de los guallas, antiguos habitantes de Acamada. Luego le abrió el pecho, le sacó los bofes y sopló fuertemente en ellos. La ferocidad de Mama Huaco aterró a los guallas que abandonaron el pueblo, cediendo su lugar a los Incas que fundaron la ciudad de Cuzco. Los cuatro dirigentes que comandaban los ayllus en la llegada al Cuzco fueron: Manco Capac, Mama Huaco, Sinchi Roca y Mango Sapaca. (Ocampo López, 2006).

4. Bibliografía

Aranzadi Martínez, J. (2008). Introducción histórica a la antropología del parentesco. Madrid: Ramón Areces.

Baulenas, A. (2015). Señora de todas las tierras: Mama Ocllo y el papel de la Coya en el Tahuantinsuyu. Revista andina, (53), 223-246.

Hernández Astete, F. (2012). La sucesión entre los Incas. Chungará (Arica), vol. 44, no 4, 655-667.

Hernández Astete, F. (2013). La Coya en la organización del Tahuantinsuyo. En S. Guardía, Historia de las mujeres en América Latina (págs. 21-36). Murcia: CEMHAL.

Hernández Astete, F. (12 de 16 de 2021). El Bulletin de l’Institut Français d’Études Andines. Obtenido de Tahuantinsuyo, Las panacas y el poder en el: https://journals.openedition.org/bifea/3282#citedby

Jenkins, D. (2001). The Inka conical clan. Journal of Anthropological Research, 57(2), 167-195.

Ocampo López, J. (2006). Mitos y leyendas latinoamericanas. Bogotá: Plaza y Janes.

Rostworowski, M. (1988). La mujer en la época prehispánica . Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

Rostworowski, M. (2013). Historia del Tahuantinsuyo. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

 

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