En París con aguacero

Por: Alexandra Mariel Andrade Elera
Estudiante de Genética y Biotecnología – UNMSM

 

Abril 18, 2021
Figura 1: Vallejo en París. Foto de Juan Larrea.

El célebre escritor huamachucano que siempre anheló y extrañó su tierra, Cesar Vallejo, falleció en París un 15 de abril, quizá cuando Dios también yacía enfermo. Su obra poética es ampliamente conocida en la literatura peruana y universal, ya que refleja un amalgama de emociones y vivencias de las cuales podemos identificarnos fácilmente quienes en algún momento hemos renegado del absurdo de la vida. En esta nota hablaremos del mensaje que muchas veces nos ofreció a través de su pluma: de su muerte y la íntima relación que el escritor contemplaba en sus poemas y prosas recorriendo diversos fragmentos de estos. 

En 1938, el poeta peruano Cesar Vallejo dejó salir de su cuerpo el mal que siempre lo aquejó. Dejó este mundo una mañana en París, cumpliendo aquello que escribió en “Piedra negra sobre piedra blanca”1:

Me moriré en París con aguacero,

un día del cual no tengo ya el recuerdo.

Me moriré en París -y no me corro-

Tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Falleció un Viernes Santo de primavera y aunque dijo que tal vez moriría un jueves, nunca lo aseguró; sin embargo, en “El poeta a su amada”3 parece acertar que la muerte lo visitaría aquel día al mencionar:

Amada, en esta noche tú te has crucificado

sobre los dos maderos curvados de mi beso;

y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,

y que hay un viernesanto más dulce que ese beso.

En esta noche rara que tanta me has mirado,

la Muerte he estado alegre y ha cantado en su hueso.

La causa de deceso del célebre escritor sigue siendo un enigma, si bien su esta fue diagnosticada como reactivación del paludismo que había contraído cuando apenas era un niño, en el 2009 el Dr. Enrique Robertson sostuvo que Vallejo murió de envenenamiento por solanina a causa de la alimentación casi exclusiva de papa3.

No obstante, Vallejo vivía con la muerte dentro, le rendía homenaje en sus poemas, en sus cuentos y hasta en sus novelas, el poeta gustaba de vivir por más flagelo que la vida le daba y así lo expresa en “Hoy me gusta mucho menos la vida”4:

Hoy me gusta la vida mucho menos,

pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.

Casi toqué la parte de mi todo y me contuve

con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Figura 2: Ilustración del poemario “Me moriré en París”. Imagen de Sara Morante.

Aquel dolor que Vallejo cargaba en su pecho era el del hijo alejado de su madre, del hombre encarcelado quien anhela su libertad; su dolor era humano, era vallejiano. El peso del pensamiento y de su existencialismo podemos leerlo en el poema “Voy a hablar de esperanza”5:

Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro solamente.

La muerte siempre estuvo cerca del célebre escritor: primero con la muerte de su madre, de su hermana María y de su primer amor, María Rosa; por esto él escribe “Tú no tienes Marías que se van” en “Los dados eternos”6: en este poema Vallejo le reclama al ser divino la existencia vacía del ser humano y la muerte como un absurdo más de la misma, dejando al descubierto el existencialismo en su poesía:

Dios mío, y esta noche sorda, oscura,

ya no podrás jugar, porque la Tierra

es un dado roído y ya redondo

a fuerza de rodar a la aventura

que no puede parar sino en un hueco,

en el hueco de la inmensa sepultura.

Para Vallejo, Dios era incapaz de entender al hombre, por eso era incapaz de luchar contra la muerte. De este modo en “Absoluta”7 menciona:

Mas ¿no puedes, Señor, contra la muerte,

contra el límite, contra lo que acaba? 

Ay! la llaga en color e ropa antigua, 

cómo se entreabre y huele a miel quemada!

Figura 3: Cesar Vallejo en las calles de Francia. Fuente: 1

Gonzalo More escribió: “su gesto de dolor desapareció para dar vida a una expresión de serenidad y bondad infinitas” cuando el poeta cerró para siempre los ojos3. Todo aquel que ha leído al Vallejo abraza su poesía como un consuelo al dolor del alma y puede sentir el gran amor que nos dejó en su obra, Vallejo es superior al discurso unificador, es superior al proselitismo, Vallejo es superior a todo aquel o aquellos que lo usan para ufanarse de títulos académicos dudosos, la poesía y obra de Vallejo nos deja un nudo en la garganta y ganas de seguir luchando. 

Referencias bibliográficas:

  1. Vallejo, C. Piedra negra sobre una piedra blanca. En: Ballon, A. Obra poética completa. 2da edición. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho; 1985. p. 154. 
  2. Vallejo, C. El poeta a su amada. En: Ballon, A. Obra poética completa. 2da edición. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho; 1985. p. 14-15. 
  3. Robertson, E. ¿De qué murió César Vallejo? Nerudiana. 2009; 7: p. 24-25. Disponible en https://edisciplinas.usp.br/pluginfile.php/4947615/mod_resource/content/1/Robertson%2C%20sobre%20a%20morte%20de%20Vallejo.pdf#:~:text=causa%20de%20muerte%20de%20unos,su%20alto%20contenido%20de%20solanina.
  4. Vallejo, C. Hoy me gusta la vida mucho menos… En: Ballon, A. Obra poética completa. 2da edición. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho; 1985. p. 139-140. 
  5. Vallejo, C. Voy a hablar de la esperanza. En: Ballon, A. Obra poética completa. 2da edición. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho; 1985. p. 115-116. 

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