¡Kachkaniraqmi!: la influencia de las lenguas indígenas en el castellano andino

Por: Luis Alfredo Condori Aguilar
Estudiante de Arqueología – PUCP

 

Abril 18, 2021
Figura 1: Detalle de contratapa de “Katatay/Temblar” (1). Fuente: Josué Sánchez/Casa de la Literatura Peruana.

“Quispe” es el apellido más común en nuestro país. A diferencia de otros países latinoamericanos, en donde los apellidos más usuales son “López” o “Rodríguez”, solamente en el Perú (y Bolivia) una palabra de origen indígena ocupa esta posición privilegiada. ¿Cuál es la razón detrás de este hecho? A continuación, haremos un viaje rápido por la enorme y muy variada historia de las lenguas de nuestro país, descubriendo juntos lo vivas y actuales que son nuestras herencias lingüísticas ancestrales en nuestro cotidiano hablar.

“[…] yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz habla en cristiano y en indio, en español y en quechua”

José María Arguedas (1968)

Acento, gramática, vocabulario…de Tumbes a Tacna, de Piura a Loreto, por costa, sierra y selva las palabras, su pronunciación, significado y hasta el orden en que son dichas varían notablemente. A veces reconocemos el origen de una persona tan solo con escucharle decir un par de frases, otras, no reconocemos el significado de algunas palabras que usa y nos vemos obligados a preguntar. Podemos decir “de la palta más chiquita su pepa sácale”, o “saca la pepa de la palta más pequeña”, y, si bien suenan muy distinto, ambas frases buscan comunicar esencialmente lo mismo. Una de las razones que mejor explica esta diversidad radica en cómo llegamos a hablar castellano y la combinación que tuvo con las lenguas originarias de nuestro país, una mezcla muy rica que resultó en lo que hoy es conocido como el “castellano andino”. Veamos un poco de qué se trata este concepto.

Hablemos primero del quechua. Según los datos más recientes, más que hablar de un solo y único quechua, lo correcto es referirse en realidad a un conjunto de lenguas repartidas por todo el territorio andino, desde Colombia hasta Argentina y Chile. Este conjunto lingüístico suma en total 7 millones de hablantes que usan el quechua desde la cuna o adquirida a lo largo de su vida como segunda lengua (4). ¿Cuál es la relevancia de todo esto en el contexto de la celebración anual en Hispanoamérica del “Día de la Lengua Española”? Pues que, como bien reconocía el buen Arguedas en el epígrafe que abre nuestra discusión, el español llegó desde tierras ibéricas a encontrarse con un Tawantinsuyo políglota, principalmente quechuahablante, pero también conocedor del aymara, el yunga, el quingnam, el culle y cerca de un centenar de otras lenguas originarias de esta parte del mundo. Ese es el origen de nuestro castellano andino, esa rica combinación que orgullosamente señala el tayta Arguedas, y lo hace sentir como un “demonio feliz” cuya lengua canta en “cristiano e indio”.

¿Cuál es la historia de nuestras lenguas originarias? ¿Cómo eran antes del contacto con el Viejo Mundo? En el caso del quechua, la trayectoria es más o menos conocida: la propuesta del reconocido lingüista Alfredo Torero no ha recibido mayor variación. Dos milenios antes de nuestra era, en la costa central de los Andes ya se hablaba una lengua conocida como “proto-quechua”, algo así como un quechua “primitivo” o inicial que se encontraba concentrado en lo que hoy es Lima (5). Es a partir de este núcleo original que se da su progresiva expansión a través del tiempo, alcanzando gran parte de la región andina durante la época inca e inicios de la Colonia. 

Junto a la conocida lengua quechua, podemos recorrer también la historia de otra lengua mayor de nuestra tierra: el aymara. De origen más sureño respecto a su hermana quechua (lo que hoy sería la región de Nazca), su expansión se dio principalmente de la mano del primer imperio andino, el pueblo wari de origen ayacuchano, hace un milenio aproximadamente. Eventualmente, esta lengua alcanzaría el altiplano que rodea el Lago Titicaca, región donde actualmente goza de un uso ampliamente extendido. A estas dos lenguas mayores se le suman otras actualmente extintas o muy poco usadas, como son el uro, el puquina, el mochica, el culle, y decenas de otras que constituyen nuestro actual hablar (2) (3).

¿Cómo podemos medir la verdadera magnitud de la influencia ejercida por estas lenguas nativas del Perú en nuestro vocabulario? Un camino interesante lo ofrecen los apellidos que todos nosotros llevamos: todos conocemos a algún Quispe, Huamán, Mamani, Huillca…la lista es larga y recorre prácticamente todas las regiones del Perú actual. Precisamente es “Quispe” el apellido más común a nivel nacional, encontrándose más de 1 millón de personas que lo llevan como primer o segundo apellido según cifras de la RENIEC actualizadas al 2019 [Figura 2]. Dicho apellido se origina en el vocablo quechua “quispi”, que significa “brillante, refulgente”.

Figura 2: Apellidos más comunes de Sudamérica (5). Fuente: NetCredit

En cuanto al vocabulario cotidiano, todos alguna vez hemos pedido una “yapa”, hemos llorado como “wawas” o un viento helado nos arrancó un “¡alalau!”. Nuestras mesas se han llenado de “paltas”, “lúcumas”, “charquis” y “choclos”, todas ellas palabras originadas en nuestras lenguas nativas y que incluso ya trascendieron nuestras fronteras nacionales, siendo usadas en casi todo el continente americano. En Estados Unidos, por ejemplo, a la carne seca se le llama jerky, un caso único en el que nuestro quechua logró incorporarse al vocabulario angloparlante. Asimismo, nosotros también hemos “tomado prestadas” palabras nativas de otras latitudes: la familia lingüística náhuatl de Centroamérica, por ejemplo, nos ha regalado palabras para nombrar el guacamole, los tamales, el chocolate o el chicle. Este diálogo fluido y constante es la mejor prueba de que la lengua es plástica y vive en constante cambio, como un gran río al que se le unen perpetuamente diversos afluentes, nuevas formas de hablar y también de pensar y entender el mundo. 

“¡Kachqaniraqmi!”, escribía Arguedas en uno de sus poemas mayores, “A nuestro padre creador Túpac Amaru” (1). Recogió esta poderosa expresión del quechua chanka, que literalmente significa “Sigo siendo”. En nuestro lenguaje también viven nuestros ancestros y se fortalecen nuestras profundas raíces. Sigamos siendo, seámoslo siempre.

Referencias bibliográficas:

  1. Arguedas, J. M. Katatay/Temblar. Colección Intensidad y Altura. Lima: Casa de la Literatura Peruana; 2020. En [http://www.casadelaliteratura.gob.pe/wp-content/uploads/2020/05/Katatay.pdf]
  2. Cerrón-Palomino, R., Kaulicke, P. Los estudios de lingüística histórica andina. Boletín De Arqueología PUCP, 2010 (14), 9-13. En  http://revistas.pucp.edu.pe/index.php/boletindearqueologia/article/view/1069
  3. Cerrón Palomino, R. Las lenguas de los incas: el puquina, el aimara y el quechua. Bern, Switzerland: Peter Lang D.; 2012. 
  4. Itier, C. Runasimita Yachasun, conversación con César Itier. YouTube: Instituto Francés de Estudios Andinos; 2020. En [t.ly/8dCP]. Consultado el 10.III.2021.
  5. Torero, A. El quechua y la historia social andina. Lima: Fondo Editorial del Pedagógico San Marcos; 2007. En https://issuu.com/mazzymazzy/docs/el_quechua_y_la_historia_social_andina
  6. Traveler.es (2020) El mapa que muestra los apellidos más comunes de Sudamérica. Recuperado a partir de: https://www.traveler.es/viajeros/articulos/mapa-apellidos-mas-comunes-paises-mundo/17079

 

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