Sociedad inclusiva, sociedad progresiva: ¿Utopía o realidad?

Por: Flor Marylin Fernandez Bautista

Estudiante de Estadística e informática – UNALM

Octubre 14, 2020
Las diferencias que nos hacen peruanos. Fuente: Minedu

Una sociedad inclusiva y pacífica conlleva a una sociedad «saludable». La inclusión social de personas procedentes de grupos étnicos o de cualquier parte del interior del país tiene un avance aún lento, a pesar de los esfuerzos de los gobiernos locales y de la emisión de leyes en el marco jurídico. Por otro lado, pese a que nos encontramos en el siglo XXI, aún encontramos desigualdades entre varones y mujeres. Esto es notorio en el sector educativo, así como en el ámbito laboral. El problema radica en el enfoque centralizado y priorizado que se otorga a la capital de nuestro país. Pero no todo está perdido, gracias a las nuevas tecnologías podremos hallar métodos que den bienvenida a la diversidad cultural que siempre nos ha caracterizado. Es tiempo de desdramatizar los estereotipos proliferados por nuestra sociedad selectiva.

Muchas de las personas tienden a confundir lo que define un proceso de interculturalidad. Pues bien, ello refiere a una relación entre culturas, en condiciones equitativas. Es decir, un intercambio continuo de aprendizaje y comunicación, se puede alegar a un estado de empatía recíproco. Me refiero a la visión y comprensión desde la perspectiva de la otredad cultural. Es vital reconocer y fortalecer la identidad cultural. Dicho sea de paso, el acto de reconocimiento y respeto se debe inculcar desde la unidad elemental de la sociedad, en otros términos, la familia tiene la obligación y el deber de enseñar a sus hijos e hijas que todos son iguales, todos tienen derechos a las mismas oportunidades, y que su derecho a la libertad se limita cuando produce daños, sean físicos o psicológicos, a un tercero.

Multiculturalismo peruano: Los museos y el B-learning

Muchos de nuestros hermanos y hermanas de los Andes y de la Amazonía no cuentan con un grado de instrucción educativo completo. Es un hecho que las áreas rurales están netamente excluidas de la sociedad de la información. Algunos dirán que el Estado está en constante trabajo para establecer centros educativos en las zonas rurales. En efecto, esto es insuficiente dado a que no contempla todo el territorio. Aunque, ello no quiere decir que el sistema educativo en la capital sea de élite. Muchos de los padres de familia, a fin de poder dar una educación de calidad a sus menores hijos los conducen a una institución privada que tenga prestigio social y de aprendizaje.

Entonces, ¿cómo podemos impartir una educación inclusiva dilatada y eficiente? Quizás la respuesta está en el uso de redes inteligentes. Las TIC establecen un universo paralelo en el cual todos podrían acceder y de esa manera fortalecer las relaciones interpersonales, mesuradamente. Claro está que en esta época de pandemia muchas familias requieren de un dispositivo móvil o de otra especie, para la realización del teletrabajo, así como la educación virtual. Pero estos mecanismos fueron consecuencia del contexto actual y quizás continúen vigentes en un determinado periodo, mas no es segura su continuidad. Regresando a la premisa de cómo poder promover la interculturalidad y salvaguardar la diversidad cultural, se formulará algunas alternativas que ensalzan la compresión de lazos con los peruanos y peruanas rurales. Tenemos como evidencia a un pueblo de Colombia en cuyo territorio se puso en marcha el B-learning y resultó beneficioso tanto para los investigadores como los residentes del pueblo de Guambía; en paralelo, Francisca Hernández nos cuenta de la existencia de un engranaje entre los museos y el fortalecimiento de la identidad cultural.

Durante los años 2006 y 2007 un grupo de investigadores de Ingeniería Telemática y de Estudios Lingüísticos Pedagógicos y Socioculturales del Suroccidente Colombiano de la Universidad del Cauce, juntamente con el Cabildo del Resguardo de Guambía (Silvia, Cauca)(1), decidieron analizar los efectos de la introducción de capacitaciones de alfabetización digital, tanto en la sociedad como en la cultura de Guambía. Los resultados fueron alentadores ya que se demostró que el tiempo invertido para el aprendizaje fue fructífero en tres aspectos: se reestableció el interés de aprender su lengua autóctona, lograron aprender las herramientas digitales necesarias para la retroalimentación de las clases impartidas y la interculturalidad se hizo presente. De manera que tanto los investigadores como los residentes locales pudieron aprender unos de otros ayudándose mutuamente. Queda al descubierto la eficacia y eficiencia de la aplicación de esta metodología de aprendizaje. Entonces, la resumiría como una posible alternativa que podría aplicarse en los gobiernos locales, regionales y por qué no a nivel nacional asegurando la preservación de las riquezas culturales de todos y todas. Además, es factible un acercamiento con aquellos grupos vulnerables, ya sea por sus mismas condiciones financieras y/o sociales.

Desde otra perspectiva, Francisca Hernández nos afirma que los museos son espacios en donde el conocimiento artístico se ha universalizado. El propósito de estos centros es atraer a las personas, cuya misión recae en reinterpretar y difundir las manifestaciones de su propia cultura. Pueden establecer una conexión con los trabajos artísticos e identificarse con ello sin restricción alguna, sin que alguien pueda discriminarlo o discriminarla por su ideología, raza, género y cultura.

Galería belleza peruana en costa, sierra y selva. Fotógrafo: Yayo López
 
Capital humano y capital social:

El capital humano se manifiesta a través de las competencias, capacidades y la inteligencia cognitiva que el individuo ofrece y puede poner en práctica. Mientras tanto, el capital social va más allá del raciocinio de la persona. Abarca las relaciones sociales que el ser humano mantiene con sus semejantes. Si estas se encuentran bajo una atmósfera de ayuda mutua, buen trato y trabajo en equipo, contribuirán al desarrollo social y económico de la sociedad. En el Perú hay concentración de un gran legado cultural que se puede manifestar a través de costumbres, lenguas, tradiciones, arquitectura, folklore y mucho más.

En las empresas se tiende a establecer una cultura organizacional ya sea interna o externa implementada por el gerente y adoptada por sus trabajadores de tal manera que se procura la realización de un trabajo colaborativo y se busca evitar una atmósfera negativa. Prueba de ello lo son muchas de las actuales empresas más exitosas en el mundo, e incluso se agendan talleres para los trabajadores a fin de forjar buenas relaciones entre todos. La fuerza de trabajo puede hacer maravillas si se convive en condiciones en donde el trato y el ambiente es armonioso. De manera análoga, ello se puede acoger en nuestra sociedad.

La interculturalidad muchas veces es mal interpretada, pues se piensa que es únicamente respetar la cultura de un grupo de personas. Necesitamos que se desarrolle con más énfasis una inserción cultural de los grupos poblacionales quienes pueden enseñarnos, aprender y desaprender. De igual manera este ciclo se puede poner en práctica en el resto de la sociedad peruana, como bien se menciona en la parte inicial del contenido la inclusión social definitivamente nos ha de conducir a un estado de bienestar; además, se debe proyectar tener un capital social antes que un capital económico dado a que uno es consecuencia del otro.

Fuerza Perú. Fuente: Rodrigo Obandol. Disponible en: https://www.emaze.com/@AQRQWWQZ

Referencias bibliográficas:

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  1. Creo que se debe hacer una distinción entre el multiculturalismo sin restricciones y el selectivo (términos usados por Mario Bunge), porque puede darse el caso de aceptar y tolerar cualquier tradición aunque sea antidemocrática y vaya contra los derechos de los demás. A propósito de esto dejo un pequeño fragmento de FILOSOFÍA POLÍTICA de Mario Bunge [cap. 2, sección 6(Cohesión)]:
    «La cohesión social puede regularse a través de la legislación. En efecto, un Estado puede o bien forzar la asimilación cultural (el paradigma de la fusión cultural o «melting pot») o bien alentar el multiculturalismo (el modelo del mosaico). Sostengo que ni la asimilación forzosa ni el multiculturalismo sin restricciones son democráticos. La primera porque es coercitiva y el segundo porque tolera cualquier tradición no democrática que un grupo étnico pueda desear importar, tal como la quema de viudas, el crimen de honor, la clitoridectomía, el matrimonio concertado, el adoctrinamiento religioso obligatorio y las prácticas sectarias violentas. Además de amenazar los derechos humanos y la democracia, el multiculturalismo sin restricciones supone la división de la sociedad en guetos. Sugiero el rechazo tanto de la asimilación forzosa como del multiculturalismo sin limitaciones y la práctica, en cambio, del multiculturalismo selectivo. Este consiste en el ajuste mutuo y la tolerancia de todas aquellas prácticas que no violan los derechos humanos.»
    Concordando con Bunge, creo que deberíamos optar por el segundo multiculturalismo, el selectivo.