Consecuencias del uso de Equipos de Protección Personal frente al Covid-19

Kathia Lindo

Kathia Lindo

Jean Pierre Merino

Jean Pierre Merino

Juan Monroy

Juan Monroy

Anthony Ponce

Anthony Ponce

Revista Científica SCIENTIA, Vol 2. Marzo 2021

scientiaunalm@gmail.com

Lima, Perú

Disponible Online en www.journalscientia.com/larevista

Artículo de revisión

 

Consecuencias del uso de Equipos de Protección Personal frente al Covid-19 

Kathia Lindo1, Jean Pierre Merino2, Juan Monroy1, Anthony Ponce2

1 Universidad Católica Sedes Sapientiae

2 Universidad Nacional Mayor de San Marcos

 

 

Resumen:

Para controlar la propagación del virus SARS-CoV-2 se vienen utilizando medidas que afectan la vida diaria de los ciudadanos, entre las más comunes se puede identificar. el distanciamiento social, el confinamiento, y el más importante a nivel individual, el uso de equipos de protección personal (EPP). Su producción y uso han aumentado significativamente a medida que la pandemia de COVID-19 sigue incrementando los contagios. Hay que tener en cuenta que en su gran mayoría, los EPP contienen plásticos u otros derivados de los plásticos. Como consecuencia, el uso extensivo de mascarillas genera millones de toneladas de desechos plásticos en el medio ambiente en un corto período de tiempo. Por lo tanto, el objetivo del presente artículo es mostrar las consecuencias que desencadena el uso de EPP de un solo uso, como medida de protección individual, y también evidenciar los efectos negativos que generan sus desechos.

Palabras Clave: Equipo de Protección Personal, COVID-19, mascarilla, medio ambiente.

Introducción

El equipo de protección personal, comúnmente conocido como «EPP», es un equipo que se usa con el objetivo de minimizar la exposición a una variedad de peligros. Algunos de los EPP más conocidos son: guantes, mascarillas o barbijos, protección para los pies y los ojos, dispositivos protectores para los oídos (tapones para los oídos, orejeras), cascos, respiradores y trajes de cuerpo entero (1). Normalmente, los EPP de un solo uso son exclusivos del sector de la Salud y forman parte esencial de la indumentaria de cada trabajador para protegerlo de los riesgos que puedan amenazar su seguridad y salud (2). Existe un debate en torno a la utilización de equipos médicos desechables y una alternativa reutilizable, este a menudo se centra en relación a tres consideraciones principales: el potencial de los equipos reutilizables para servir como vector de transmisión de patógenos, el costo económico comparativo de los equipos desechables versus las opciones reutilizables, y el impacto ambiental comparativo (3). Por otro lado, en la Industria Alimentaria, los equipos como guantes, mascarillas o cofias, forman parte del uniforme o vestuario recomendado para el manipulador de alimentos, debido a que la vestimenta común puede ser una fuente de contaminación de los alimentos (4).

Actualmente, la humanidad enfrenta una pandemia causada por el virus SARS-CoV-2, el cual causa la enfermedad del COVID-19. Ante esta situación, todos los países aplicaron políticas para prevenir el contagio, entre las comunes e importantes medidas utilizadas a nivel mundial es el uso de mascarillas quirúrgicas en la vida diaria de la población.  En Perú, el día 6 de Marzo del 2020 se confirmó el primer caso de coronavirus, ante esta situación el Gobierno del Perú decidió implementar “El Plan Nacional de Preparación y Respuesta Frente al Riesgo de Introducción de Coronavirus en Perú” (5), el cual está constituido por nuevas

legislaciones que priorizan las medidas de prevención del contagio. Posteriormente, frente a la caída del sistema económico en el país, en Mayo del 2020 se impulsaron nuevos estatutos, entre los cuales se pueden destacar: la Resolución Ministerial 055-2020-TR “Guía para la Prevención ante el Coronavirus (COVID-19) en el Ámbito Laboral” (6), Resolución Ministerial 265-2020-MINSA “Lineamientos para la vigilancia de la salud de los trabajadores con riesgo de exposición a COVID-19” (7), entre otras y sus modificaciones posteriores. Adicionalmente el Ministerio de Transportes realizó modificaciones en el DS 017-2009-MTC “Reglamento Nacional de Administración de Transporte”, en las que se establece el uso obligatorio de protectores faciales, tanto para cobradores como para usuarios (8).

Luego de un año desde la aparición del primer caso confirmado en el Perú, la manera de vivir de los ciudadanos en todo el mundo ha cambiado. La distancia social, las restricciones de viaje, la cuarentena, y el uso de EPP, se vienen empleando como medida de reducción del nivel de propagación del coronavirus (9). Un dato relevante y que hay que tener en cuenta es que en su gran mayoría los EPP de un solo uso están hechos principalmente de plásticos derivados del petróleo, que sirven para reducir la propagación de enfermedades. En esencia, este tipo de equipos estaban destinados a proteger a los trabajadores de la salud de infecciones y lesiones, sin embargo, en la actualidad los EPP están siendo ampliamente utilizados por toda la humanidad en respuesta a la pandemia de COVID-19 (10). La eliminación de estos equipos es el principal riesgo ambiental que se presenta como un problema consecuente, al no contar con una adecuada gestión en el manejo de residuos a nivel nacional.

Por lo tanto, el objetivo del presente artículo es mostrar los efectos que ha tenido en la sociedad

peruana el uso de Equipos de Protección Personal de un solo uso, no solo en el ámbito de la salud, si no también mostrar los potenciales riesgos que se van presentando en el medioambiente.  

Consecuencias positivas del uso de EPP

Durante la pandemia generada por la COVID-19 se trataron de encontrar medidas que pudieran reducir los contagios y frenar las tasas de mortalidad que agobiaban a la población a nivel mundial. La Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó una serie de recomendaciones para reducir la propagación del virus, entre las que destacan el aislamiento voluntario, el distanciamiento físico y el lavado de manos. Sin embargo, se recomendó el uso de mascarillas varias semanas después de iniciarse la pandemia pese a que, en episodios epidémicos previos, como el de H1N1 en el 2009 o de Ébola africano en 2014, ya se habían estado utilizando con bastante regularidad (11). En un inicio no se puso énfasis en el uso de estas EPP, ya que se indicaba que la ruta de transmisión de este virus no era por vía aérea, pero los estudios demostraron que el SARS-CoV-2 se propaga a través de pequeñas gotas (5 – 10 µm) que son expulsadas al hablar, toser o estornudar (12).

La diferencia en la tasa de contagios después de que se empezaron a usar las mascarillas fue bastante notorio. Una serie de estudios demostraron la efectividad del uso de estas EPP en la reducción de la propagación del coronavirus. Chu et al. (13), reportaron que las mascarillas reducían el riesgo de infección en 85%, con una mayor efectividad en los trabajadores de salud que en la comunidad, probablemente debido al uso de mascarillas tipo N95 en las labores asociadas a la salud, lo cual quedó demostrado en un análisis realizado en el mismo estudio donde reportaron que las mascarillas tipo N95 tenían una efectividad en la reducción del riesgo de infección de 

96%, en comparación con el 67% mostrada por otras mascarillas.

Incluso aquellas mascarillas no médicas llegaron a ser de mucha ayuda en el combate contra la COVID-19, sobre todo en aquellos sectores sociales donde no se podían adquirir las mascarillas médicas con suficiente regularidad. En ese sentido, Leung et al. (14), en un pequeño estudio, llegaron a determinar que las mascarillas de algodón podían llegar a bloquear hasta un 96% de carga viral, lo cual implicaría una reducción bastante importante en la tasa de mortalidad de los infectados, si el estudio es replicado con un mayor poder estadístico.

Desde que se dieron las recomendaciones para el uso de estas EPP por parte de la OMS, la producción de estos equipos se incrementó en 40%. Aunque varios países, como Tailandia, China y Japón, ya habían normalizado el uso de mascarillas antes de la pandemia por SARS-CoV-2, lo cierto es que la mayoría de los países han adoptado su utilización generalizada, ya que la mayor fuente de contagio se da dentro de las primeras semanas de infección cuando las personas infectadas son asintomáticas y pueden propagar el virus sin tener conciencia de ello (15,16)

Se pudo evidenciar que el uso generalizado de las mascarillas, en combinación con medidas complementarias de salud pública, como distanciamiento social y lavado correcto de manos, podía reducir satisfactoriamente el R0 a valores por debajo de uno (R0 < 1), lo que implicaba una reducción en la propagación de la infección por el coronavirus (17).

Por lo tanto, se ha podido demostrar la efectividad de las mascarillas (médicas y no médicas), aunadas a los demás lineamientos dictados por las autoridades sanitarias, en la reducción de la propagación del SARS-CoV-2, lo cual nos ha permitido disminuir las tasas de

mortalidad observadas al inicio de la pandemia. Aunque no se debe permitir bajar la guardia.

Consecuencias negativas y riesgos medioambientales 

Con la llegada de la pandemia en el año 2019, paralelamente apareció un problema ambiental alarmante: desechar residuos domiciliarios con
Equipos de Protección Personal (EPP) y su mala disposición final. Si bien es cierto, el uso de EPP es necesario durante estos tiempos de pandemia, resulta preocupante la degradación de las máscaras, guantes, etc. y sus posibles efectos contaminantes que trae consigo ahora y en los próximos años al medio ambiente. Según Haque et al. (18), los principales factores que generan una gran cantidad de desechos plásticos son: las acciones obligatorias dispuestas por el gobierno de turno (uso de EPP y confinamiento), la relajación de sus políticas públicas como la falta de fomento en las prácticas para la gestión de residuos, además de las preocupaciones por la higiene personal. Por lo tanto, el hábito de utilizar EPP de un solo uso, adquirido en la pandemia por el público general, es una amenaza emergente para el ecosistema terrestre y marino.

Desde una óptica ambiental y sostenible, la pandemia genera un impacto continuo para nuestros ecosistemas, en particular por el uso masivo-necesario de los EPP, es decir el incremento de la generación de residuos sólidos (desechos peligrosos descartables) y el inadecuado manejo de estos. Es evidente el aumento de los casos de contagio por COVID-19 a nivel global, también es predecible que la huella energética-ambiental de estos productos ascienda exponencialmente y agrave la situación por contaminación (19) con la que se lidiaba incluso antes de la propagación del virus.

Las proyecciones realizadas por la OMS indican que la demanda mensual de 

mascarillas alcanza cifras de hasta 89 millones de unidades; más de 1 millón de gafas protectoras; 30 millones de batas desechables y 76 millones de guantes destinadas solo para los trabajadores de primera línea del sector salud (20,21). La demanda proyectada se ve reflejada en la realidad de diferentes países del mundo: en China se producen 116 millones de mascarillas por día; Japón asciende a 600 millones; en Italia se contabiliza por día 33 millones de mascarillas; Francia semanalmente llega a 40 millones y Tailandia al día utiliza 2 millones de mascarillas (22).

Ammandolia et al. (10), realizaron un estudio con el objetivo de identificar y cuantificar los tipos de residuos EPP en la ciudad de Toronto, Canadá. Para ello, realizaron encuestas virtuales a la población y verificación visual a las zonas encuestadas, obtuvieron que el 44 % de los residuos encontrados eran de guantes desechables, seguido por 31% de mascarillas faciales desechables y el 25% pertenece a las toallitas desinfectantes. Obtuvieron una mayor densidad de los desechos de EPP en los estacionamientos de supermercados grandes y medianos con una cantidad de 4,75 × 10-3 artículos/m2 y 1,6 × 10-3 artículos/m2, además, una cantidad de 1,33 × 10-3 artículos/m2 en las áreas circundantes a los hospitales. En contraste, De la Torre et al. (23) realizaron una investigación, con el objetivo de reportar la distribución y la ocurrencia de EPP en la costa de Lima, Perú. Para ello, realizaron muestreos de 11 playas de la costa de Lima, obtuvieron como resultado que las playas recreativas (densidad de 1,64 × 10-4/m2) es el lugar donde existe mayor contaminación por residuos de EPP, seguidos por las playas de surf y pesca. Del total de residuos de EPP, reportaron que el 87.7% eran de mascarillas (54.5% de mascarillas quirúrgicas y 12.4% de KN95 el resto de telas), seguido del 6.5% de protectores faciales y 4.3% de guantes. Estos datos reflejan la realidad

internacional y local, sobre la ineficiencia en la gestión de residuos de EPP.

La mayoría de EPP mencionados están compuestos de fibras y polímeros como polipropileno (PP), poliuretano (PU), polietileno de baja densidad (LDPE), policarbonato (PC), cloruro de polivinilo (PVC), cabe mencionar que el LDPE raramente es reciclado, por el contrario los más reciclado son el PVC Y el PP (24). Según Dharmaraj et al. (25), el papel filtro de algodón y nailon es usado para elaborar mascarillas de tela (reutilizables). En cambio para fabricar mascarillas quirúrgicas (de un solo uso) se utilizan tres capas del polímero sintético PP; para las mascarillas N95 también se utiliza tres capas de PP y adicional una capa de celulosa con poliéster. Respecto a las materias primas, las batas protectoras contienen PP, las caretas son elaboradas de PC, las gafas de protección también de PC pero de alta calidad y los overoles con polietileno de alta densidad (26).

La falta de civismo de la población (arrojar los residuos en lugares no apropiados), es el problema latente que ubica a los plásticos de un solo uso como el segundo protagonista en esta pandemia. Sin embargo estos productos plásticos llegan a los océanos por medio de los ríos, desagües pluviales, las mareas, descargas directas e indirectas y por fuertes vientos (27). En el ambiente marino, los plásticos se fragmentan debido a la abrasión mecánica contra las rocas y la arena, las fuertes mareas, hidrólisis, entre otros (28).

Estos materiales arrojados y expuestos al medio ambiente se descomponen por acción-efecto de la meteorización y erosión provocadas por diversos factores ambientales, entre ellos la radiación ultravioleta (rayos del sol). Así disminuyen su tamaño original y pueden clasificarse en mesoplásticos (29) con un rango de 5 y 25 mm; seguido de los microplásticos (30) que tienen menos de 5 mm pueden ser

primarios y secundarios; también existen los nanoplásticos (31,32) cuyas partículas son de 1 nm a 1 μm. Estos elementos, son considerados vectores de otros contaminantes que impactan sobre los organismos que lo consumen. 

Este nuevo desafío ambiental, acrecienta la presencia de partículas plásticas en aguas marinas y continentales. La organización OceansAsia informó que en el océano cerca de Hong Kong, en el mes de febrero de 2020, evidenciaron la presencia de EPP de todas las formas, tipos y colores. (33). En el ecosistema marino existen diversas formas de contaminación, por ejemplo el enriquecimiento de nutrientes que generan eutrofización, los residuos plásticos, derrames de petróleo, descargas de aguas residuales sin tratamiento y productos tóxicos químicos como los metales pesados provenientes de relaves mineros, desechos farmacéuticos y los contaminantes orgánicos persistentes (COP). Por lo tanto, las condiciones físicas, químicas y biológicas de este medio sufren alteraciones, desencadenando pérdidas de la biodiversidad (flora y fauna marina) además de su productividad (25).

Figura 1. Pingüino de Magallanes juvenil muerto (A). Mascarilla dentro del estómago del Pingüino (B). Mascarilla PFF-2 (C). Extraído de Gallo et al. (34)

El impacto negativo a la biota marina tiene lugar según un estudio realizado en las costas de Brasil.  Gallo, H; et. al (34) descubren la muerte de un pingüino de Magallanes juvenil (Spheniscus magellanicus) asociada a la ingesta de EPP de un solo uso (mascarilla PFF-2) como la causa principal de muerte.

La necropsia confirmó que el tamaño y estructura de la mascarilla imposibilitaron la digestión y tránsito de los alimentos del estómago al intestino delgado. Por otro lado también señalan que estos residuos podrían retardar la ovulación y disminuir su reproducción.

El reuso de los EPP relacionados al COVID-19, viene siendo estudiado por diversos investigadores, generalmente enfocado a los EPP de un solo uso, a través de la desinfección. Los métodos que son investigados actualmente: tratamiento con ozono (35), vapor de peróxido de hidrógeno (36), luz ultravioleta (37) y lejía (38). Sin embargo, reportan que el uso de estos tratamientos puede ocasionar daños en las estructuras de los EPP desinfectados, desarrollando una menor eficacia de protección frente al COVID-19. Otra de las opciones es el reciclaje químico mediante el tratamiento térmico, es una de las mejores y más eficientes. Se produce a partir de procesos que ocasionan un cambio de la estructura y son utilizados para transformar los residuos plásticos en combustibles. Los más conocidos son: glucólisis, hidrólisis y pirólisis (39).

Además un estudio reciente en Australia realizado por Shannon et al. (40) evaluaron, de forma viable, la incorporación de las mascarillas de un solo uso, que contienen principalmente polipropileno y tardan en degradarse más de 25 años, en la construcción del hormigón. Los resultados mostraron un aumento de la calidad y resistencia del material de construcción añadiendo reducidos porcentajes del desecho biomédico (mascarillas).    

CONCLUSIONES

El uso de Equipos de Protección Personal ha sido una de los principales medidas que ha ayudado a reducir la exponencialidad de la propagación del contagio en el escenario de la pandemia causada por el coronavirus, sin embargo, el no contar con una adecuada política de manejo de residuos y el material del que están compuestos estos equipos, generan un problema en el medio ambiente que no debe ser ignorado.

A pesar de esto, existen investigaciones que buscan resolver este problema con soluciones innovadoras que disminuyan los efectos negativos en nuestro planeta.

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